PESADILLA
La reunión literaria se extendió hasta entrada la noche. Saludé a todos y me retiré de la sala.
Estaba descompuesto; al entrar en el baño me desmayé. Cuando volví en mí no podía ver nada; habían cortado la luz.
Me levanté. Traté de salir tropezando con todo. De pronto, frente a mí los ojos de un dóberman vomitando carbones encendidos; sus dientes brillaban, su lengua destilaba gruesas babas.
En un silencio sepulcral su grito hizo temblar las paredes del museo. Mi corazón latía desesperadamente. Los dientes brillantes se abalanzaron sobre mi cuerpo…
Mi salvador, ese despertador que tanto odiaba.
Víctor Pérez Barcia
15 de noviembre de 2008
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