jueves, 1 de abril de 2010

ECOS DE UNA TARDE

Los carros volvían del reparto de leche. Las llantas metálicas y los chirriantes ejes imponían su impronta musical. Muchos vecinos esperaban ese momento que constituía uno de los rituales más significativos del barrio.

En un carro podían distinguirse dos figuras: el patrón y un esmirriado peón que parecía cargar una culpa.

— ¡Perdimos un cliente! —Gritaba el patrón mientras lo zamarreaba.

En un movimiento brusco el peón cae bajo las ruedas del carro. La palidez domina los rostros de la gente. De pronto escuchan un grito…

— ¡Un muñeco!

Todavía oigo aquellas carcajadas que avivan mis recuerdos nostálgicos.


Víctor Pérez Barcia
20 de diciembre de 2008

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